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NO SEAMOS COMPLICES DEL CORRUPTO

A escasos dos meses de las próximas elecciones municipales sería necesario que reflexionáramos todos acerca de la obligación –bendita obligación- que se nos viene encima: introducir nuestro voto en la urna. Se ha caracterizado esta legislatura, y hablo en términos generales, por los grandes casos de corrupción que han comenzado a salir y que suponen, tan sólo, la punta del iceberg. Está claro que en todos los partidos nacionales se dan casos de corrupción, porque ya dijo Lord Acton que el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente. Aunque más bien creo que en este siglo XXI son las sociedades las que se corrompen, y con ellas los que tienen más facilidad de corromperse. Pero en cuanto a los partidos o mejor dicho a los políticos de los diferentes partidos, es evidente que unos se corrompen más que otros, y las estadísticas no engañan. La gravedad de la corrupción en política es inmensa. En un Estado democrático y de derecho no deberíamos pasar por alto a un gobernante ni un sólo hecho que oliese a mínima deshonestidad para con los gobernados. Pero la corrupción política seguirá siendo asunto de la justicia mientras los ciudadanos no apreciemos su total trascendencia y la ataquemos en conjunto con nuestras voces e individualmente con nuestro voto. Hablando de Justicia, si los ciudadanos nos creemos la acusación que el corrupto lanza sobre el que lucha por la limpieza -con el vago argumento de que se judicializa la vida política-, si se ataca a aquellos que están dispuestos a trabajar por el fin de la corrupción y la vuelta a una política auténtica y unos políticos dignos e íntegros, entonces ¿en qué nos convertimos?. Vivimos en una sociedad en la que se aplaude el fraude y se desprecia la honradez. ¿Cómo hemos llegado a eso?. Es posible que esto ocurra porque las consecuencias de la corrupción no se aprecian en el presente, en el momento en que sucede, en el día a día. Lo triste es que los efectos se aprecian en el futuro, cuando no hay remedio. Si se vende terreno público a mansalva con el único fin de recaudar para el bolsillo propio comisiones astronómicas y hacer hipermillonarios a los constructores –que son los que han hecho el agosto en los últimos 10 años- , nos quedaremos sin paisaje, sin campo, sin monte, sin verde, sin agua. Si se perdonan impuestos, con la consiguiente comisión a bolsillo propio por el favor prestado, se restan ingresos a las arcas municipales que repercutan en beneficio de todos: más ayudas a los jóvenes, a los mayores, más cultura, más educación, mejor sanidad.... Si se pide que se inflen presupuestos con el fin de que parte vaya, nuevamente, a bolsillo propio, se especula con los precios y se juega con la gente, que por conseguir la concesión entran fácilmente en el juego sucio. Aunque aquí no se sabe muy bien que fue primero, si el huevo o la gallina. Y todo ello pasa sin consecuencia alguna para el corrupto, que ve incrementar día a día sus cuentas en Andorra, Suiza o Miami, mientras la población comprueba cómo cambia su paisaje, y aquello que era paradisíaco es ya una masa de ladrillos y cemento; cómo cambia el clima, ante el temor creciente de cómo vivirán nuestros hijos y nietos; cómo se gasta el agua en un campo nuevo de golf, y en otro y en otro y en otro, así hasta cerca de 400, en un país donde muchos pueblos tienen restricciones durante gran parte del año. Pero miren ustedes por donde, de repente llega alguien a quien le importa mucho todo esto y pelea porque cambie. Se empieza a tirar de la manta, no sin muchísimas complicaciones -e incluso amenazas-, y aparece un caso Malaya, un caso Andratx, y los que irán saliendo, que saldrán, no lo duden. Porque la justicia es lenta, y de eso se ríen muchos, pero al final –salvo alguna excepción- es justa. Yo al menos quiero pensar, en mi condición de abogado, que así es. Hablando ya en términos de Boadilla, comprendo que este trabajo en post de la honradez no cabe actualmente dentro de ningún partido nacional. Por eso lucho desde la independencia, con la ventaja que ello proporciona de que nadie me tape la boca, de que nadie trate de parar mis denuncias, de que nadie trate de comprarme. Y si alguien en APB se vende se marcha, y no me refiero solo al dinero, porque también es corrupto el que se degrada ética y moralmente de los deberes para los que fue encomendado. Desde aquí les digo que me pueden acusar de ingenuo, si quieren, de soñador quizá, de pretender un imposible, una utopía en los tiempos que corren. Bien, pero no me acusen de paralizar o estropear la vida municipal de Boadilla –palabras de Arturo González Panero- porque los únicos que la estropean son los que incumplen sus deberes de buen gobierno y los que, desde su trabajo de oposición, lo consienten.