Nuestras vidas se quedaron sin sentido en apenas un segundo. Esa reunión de trabajo, ese proyecto, ese curso, ese concierto tan esperado..... Todo quedó vacío de contenido, todo se convirtió en nada aquella mañana de marzo. Lo que era tan importante ese día, y posteriores, dejó de serlo. Tan solo una cosa, de la que nos olvidamos muy a menudo, afloró en todos nosotros: el sentimiento humano. Eso tan abstracto y tan concreto a la vez, que en los avatares del día a día tiende a minimizarse, pareciendo, incluso, que desaparece en determinados momentos, cuando damos cabida a nuestro egoísmo, nuestra agresividad o nuestra falta de comprensión.
Resulta curioso que sea el dolor, ese inmenso dolor que sentimos aún hoy, y que perdurará durante mucho tiempo, lo que nos una. Que sea la falta de corazón de unos pocos lo que despierte lo mejor de nosotros mismos. A esa gran masa social, aletargada ante manipulaciones informativas y falsa exaltación económica, se le despertó el alma. Y comprendió lo que tantas veces decimos, muchos con la boca pequeña, de que el “dinero no lo es todo”. Más bien no es nada. No es nada cuando falta la verdad, la palabra, la alegría, la humanidad, la vida.
El pueblo habló, muy alto y claro. Y no vale ahora decir que era en estado de shock. Porque no es verdad y lo sabemos. Y no vale ahora decir que el terror se salió con la suya. Porque no es verdad y también lo sabemos.
Hay una canción de Ismael Serrano, la cual recomiendo escuchen atentamente su letra, titulada “Pequeña gran superpotencia”, aludiendo a todos y cada uno de los ciudadanos. ¡Cuánta verdad!. Todos y cada uno de nosotros ejercimos de superpotencia en el breve, y largo a la vez, espacio de tiempo que fue del 11 al 14 de marzo. Y esa grandeza, esos sentimientos, no debemos perderlos nunca mais.
Y ahora queda seguir adelante, recuperando nuestra voz, nuestra opción a la crítica, nuestras exigencias y nuestros valores.
Suspensión de minuto de silencio
Nuestro alcalde debería explicarnos muchas cosas. Pero en estos momentos hay una por encima de las demás: ¿por qué suspendió los minutos de silencio, justo en el último momento, el pasado día 12 de marzo?. En todos los puntos cardinales de España se guardaron, a las 12 de la mañana, minutos de silencio. Las calles quedaron paralizadas en recuerdo de las víctimas de la barbarie del día anterior.
En Boadilla, pasaban ya las 12 en punto, la gente se agolpaba en la puerta del Ayuntamiento, y ningún miembro del equipo de gobierno estaba allí. Las radios acababan de confirmar la posibilidad de que los asesinos pertenecieran a Al Qaeda. Entonces, una funcionaria informó que se suspendían los minutos de silencio. Los que allí nos encontrábamos nos quedamos atónitos. Y guardamos silencio, pero sin nuestro Alcalde. ¿Qué se le pasó a este hombre por la cabeza para tal decisión? ¿qué importancia tenía, en ese momento, quienes fuesen los verdugos?. Fue un gesto feo, cobarde, del que solo nos enteramos los que allí estábamos, pero que todos tienen derecho a saber. Y por eso se lo contamos. Juzguen ustedes mismos.
APB condena el vil atentado y rechaza contundentemente cualquier forma de terrorismo. Enviamos nuestro más sentido pésame a las familias y amigos de nuestros conciudadanos que perdieron tan triste e injustamente su vida.
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