Como ustedes ya sabrán, puesto que ha sido anunciado a bombo y platillo, nuestro municipio contó, en la pasada feria de Fitur, con un stand, cuyo slogan era el archiconocido “Boadilla, siempre verde”. Pero el lema debería ser otro muy distinto, algo así como “menos verde que ayer, pero más que mañana”. Verde. Que adjetivo tan bonito para calificar a una ciudad ¿no creen?. Inspira árboles, aire puro, paseos por la naturaleza autóctona, relax. ¡Cómo podían imaginar los que por ese stand pasaban que de todo eso queda ya muy poco en Boadilla!.
Los árboles son arrancados día tras día, unas veces para construir una autovía llamada M-50; otras para seguir construyendo más y más edificios; en breve, para aumentar en 30 hectáreas un campo de golf privado, o para que el Sr. Botín se haga su ciudad financiera privada, con su campo de golf privado, o para construir un restaurante privado. Privado. Que palabra tan excluyente y elitista, más cuando lo privado procede de lo que antes era público. Público. Que palabra tan solidaria, tan de todos.
En cuanto al aire puro, pues depende de con quién nos comparemos. Por lógica, será más puro que en Madrid, pero no con mucha diferencia, porque comenzamos a tener los mismos problemas: tráfico, descenso del número de árboles, más tráfico cuando se inaugure la ciudad financiera, aumento de edificios y calefacciones, más tráfico aún con la M-50 y los niveles de ozono subiendo más y más. ¿De verdad alguien se cree que la llegada del metro aliviará de coches nuestras carretera?, puede que de atascos sí, pero no es lo mismo tráfico que atasco. Además, tengamos una cosa en cuenta, en la que solemos caer muy poco: nuestra sociedad ha cambiado mucho en ocho años. Se ha vuelto muy, cómo lo diríamos, cómoda. Nos hemos acostumbrado a coger el coche para todo. Y cambiar eso es complicado.
Por eso mismo, los paseos por la naturaleza autóctona ya no se llevan . Ni los paseos, ni la naturaleza. Los gustos se han decantado más por correr de un lado a otro de una pista de paddel. Algunos creen que andar sobre un césped impoluto, a base de gastar agua, llevando una pelotita hasta un hoyo, es pasear por la naturaleza. Con todos nuestros respetos a los amantes de este deporte, ¿qué naturaleza?. Si nos dejamos llevar por esa estupenda alfombra de césped, como ya les ha pasado a algunos, pero no vemos lo que se destruye para llegar a eso y cómo están los alrededores, pues ocurre como a aquel asno al que le pusieron orejeras y sólo veía lo de delante, sin saber que existía todo un mundo a su alrededor. Ese mundo es el que se está destruyendo en Boadilla. Nuestros gobernantes nos han colocado orejeras para que no veamos más que lo que ellos quieren: nos endeudamos hasta las cejas en un piso, pero como luego nos dicen que se ha revalorizado un montón, pues todos tan felices. Nos hablan de la calidad de vida, ¿qué calidad, la de los atascos, la de los niños sin plazas escolares, la de un centro de salud atestado de citas?
¿Se han parado ustedes a pensar cómo se apañarán los jóvenes que tienen alrededor de los 25 años para salir de sus casas?, trabajos basura, pisos por las nubes.... ¿Se han parado a pensar cómo será el planeta que dejaremos en herencia a nuestros hijos y nietos?. ¿Alguien piensa, hoy en día, en los demás?
Hay una pequeña isla en el Pacífico, llamada Isla de Pascua. Sus habitantes pensaban que ese era el mundo y que no había nada más. Era una isla llena de árboles, que fueron cortando para construir unas estatuas, los moai, en honor a sus dirigentes. Estos no se conformaban, y querían más, esclavizando a la población. Así que, seguían cortando árboles y trabajando hasta morir en la construcción de los moai. Un día, se acabaron los árboles, y las lluvias. Se acabó la comida, y la población se revolucionó, matándose unos a otros, y convirtiéndose en caníbales para sobrevivir. Finalmente, la población se extinguió. Aún se mantienen en pie las estatuas. Pero eso es lo único que hay en la Isla de Pascua.
|