Historia de Boadilla
Historia de Boadilla del Monte
Martes, 18 de Enero de 2011 09:14
BOADILLA DEL MONTE
SITUACION GEOGRÁFICA
Boadilla del Monte está situada en el suroeste de la Comunidad de Madrid. Su término municipal es de 46,83 km.2 y se eleva 689 m. sobre el nivel del mar. Dista de la capital 14 km. Limita al Norte con Majadahonda, al Este con Pozuelo de Alarcón, al Sur con Alcorcón y Villaviciosa de Odón y al Oeste con Brunete, además de con Villanueva de la Cañada al otro lado del río Guadarrama y Alcorcón.
El río Guadarrama atraviesa parte de su territorio, así como los arroyos Aulencia, Calabozo, Prado Grande, Prado Chico, Valenoso de los Pastores y del Encinar, de la Fresnera, Vallelargo, del Romeral, de los Cazadores, Las Majuelas y Las Pueblas, algunas veredas como la de los Barros, Segoviana y la de Venta de San Antón.
Su territorio se compone de dos áreas diferenciadas: un paisaje llano, con algunas suaves colinas o lomas y el eje del río Guadarrama que marca el límite del término municipal en la parte oeste, rodeado de bosque de chopos.
Los puntos más elevados son los cerros de Eras de Romanillos, Los Barros, Los Altos del Cortijo, Cabeza Malilla, Milano, Prado de los Burros, Camorrillos y La Mira.
En cuanto a la vegetación, destacan las encinas y los chopos. También se encuentran numerosos pinos, algunos de ellos de impresionante porte. Parte del término municipal está incluido en uno de los escasos parques regionales madrileños por su riqueza de espacios naturales y goza de protección amparado por el “Régimen de protección preventiva para el curso medio del río Guadarrama y su entorno”. Asimismo, los montes de Boadilla, unas 750 hectáreas, están incluidos y catalogados en los Montes Protegidos de la Comunidad de Madrid:
– Montes Preservados: Monte de Romanillos, Monte de Boadilla, Cerros del Mosquito y de La Milanesa, Casa Monreal.
– Montes de Utilidad Pública: Dehesa de Majadahonda.
– Montes Consorciados: Dehesa de Navalcarbón y El Sotillo.
Sin embargo, frente a todo este panorama de idílica riqueza natural, en la actualidad se está produciendo un proceso de degradación acelerada. En los últimos años el desarrollo urbanístico desaforado está arrasando sin piedad las zonas naturales.
De su fauna hay que destacar mamíferos como conejo, liebre, jabalí, zorro, jineta, ardilla y numerosas aves: perdiz roja, paloma torcaz y zurita, elanio azul, cernícalo primilla, pájaro moscón, búho y chotacabras pardo, entre otras. Pero también en esto hay que lamentar que casi todas las especies se encuentran en proceso de extinción dado que su hábitat se reduce cada vez más y peligra dramáticamente su supervivencia. Sin embargo hay que destacar también la proliferación de cigüeñas, cada vez más abundantes.
Boadilla del Monte es uno de los municipios con mayor renta familiar disponible de la Comunidad de Madrid. El núcleo urbano de Boadilla del Monte se compone de un pequeño pueblo, conocido como el “casco”. Nueve urbanizaciones que ocupan una importante extensión del territorio, que cuentan ya con varios años de antigüedad y por ello se vienen llamando “urbanizaciones históricas”: Montepríncipe, Bonanza, Valdecabañas, Las Lomas, Parque Boadilla, El Olivar de Mirabal, Monte de las Encinas, Pino Centinela y Valdepastores, casi todas ellas con edificaciones unifamiliares. Y por último una extensa zona nueva, que aunque pretenden denominarla ostentosamente Residencial Siglo XXI, todos la conocemos por su primer nombre “Sector B”, que suena realmente mal.
Los nombres de las calles de las ciudades a menudo conmemoran episodios curiosos o personajes que por alguna razón se merecieron tal honor. Buscar su procedencia es descubrir parte de las historias vividas en ellas, aunque a veces su origen es tan simple como su nombre indica. Así en Boadilla (nos referimos al pueblo antiguo), tenemos:
La Plaza de la Cruz, que aún teniendo unas exiguas dimensiones recibe tan pomposo nombre pues en el centro se halla una cruz de piedra encima de un pedestal.
Denominaciones obvias, en clara alusión a su fisonomía o algún elemento que las identificó, como calle de la Carnicería, la Fragua, el Convento, Álamo, la Alberca, la Vega. La de San Sebastián, en honor a su patrón. La de Buenavista y la calle Real. Y curiosas como Barranco Amarillo y Radio Peninsular, a la que así nombró el Alcalde Cerro, en los años, en agradecimiento a esa emisora que hizo publicidad de las fiestas de verano que él había instituido.
Algunas calles se dedicaron a personajes ilustres como Calvo Sotelo y García Noblejas o algo desconocidos como Enrique Calabia, que al parecer fue un abogado del estado que vivía en Madrid y se construyó una bonita casa, hoy desaparecida, en los terrenos familiares donde se ubica la calle. La calle de los Mártires, en sustitución de la histórica Carretas, lleva el nombre en honor de los tres sacerdotes que fueron asesinados en la Guerra Civil: don Melitón, don Benjamín y el seminarista Ángel Talavera.
Las calles de las urbanizaciones, para hacer más fácil su identificación, fueron bautizadas con nombres de ríos en Parque Boadilla, de valles Las Lomas, de islas en Valdepastores, de playas en Valdecabañas, de montes en El Olivar de Mirabal, de arboles, flores y otras vegetaciones en Montepríncipe, Pino Centinela y Monte de las Encinas. En las zonas nuevas se optó por dar nombre a las calles de personajes históricos, artistas y literatos.
Lamentablemente podemos “presumir” de ser uno de los pocos municipios de la Comunidad que todavía mantiene los nombres de las calles Generalísimo y José Antonio, impuestas en la época franquista en suplantación a las antiguas calles de Villaviciosa y calle Real de Madrid y que nuestros obstinados gobernantes se niegan a restituir.
EL TOPÓNIMO
Varias son las versiones que se vienen dando sobre el origen del nombre de Boadilla del Monte. La mayoría de ellas por tradición van pasando de unos a otros, sin más rigor científico que la aplicación de la lógica, la suposición o la leyenda. Por esos motivos no queremos descartar ninguna de ellas, ya que el paso del tiempo consolida los posibles errores, y a veces las creencias populares nos obligan a rendirnos ante la falta de datos fehacientes que, perdidos en el tiempo, jamás podremos averiguar. En documentos antiguos vemos diferentes formas de escribir el nombre: Bobadilla, Bobadiella, Bobadella, Boadella.
El Profesor Eduardo Tejero, estudioso investigador histórico, nos aclara que el topónimo Boadilla o Bobadilla -como se decía antiguamente- está bastante extendido en la península. Lo podemos encontrar en Logroño, Málaga, Toledo, Madrid... Su significado viene del latín “bovata terrae”, que se refiere a una medida agraria que comprendía inicialmente las tierras que una pareja de bueyes podía arar en un tiempo determinado (un día o una semana). En Asturias, por ejemplo, se usaba como medida agraria el “Día de güeyes” que equivalía a 1.800 varas cuadradas. Por tanto, es más que probable que el nombre de la actual Boadilla se le adjudicara por esta misma razón. El “apellido” del Monte, agregado tiempo después, parece lógico pensar que se añadiera para diferenciarla de otras Boadillas españolas y la razón es, obviamente, por el monte que predomina en sus territorios.
Nuestro vecino Antonio Romero, estudioso de la historia de Boadilla y realizador de la magnífica página web www.boadilla.com, coincide con esta explicación del profesor Tejero. Pero también es cierto que en varios documentos, especialmente en diccionarios geográficos y opiniones recogidas de visitantes o lugareños, aparecen numerosas referencias al origen árabe de nuestro pueblo, tal vez debido a la aparición, en el siglo XVI, de las ruinas de un poblado árabe en el cerro de Barcelona y relacionarlo con un posible Boadil-la.
UN PASEO POR LA HISTORIA
En 1986 la Dirección General del Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid realizó la Carta Arqueológica de Boadilla del Monte, en la que se especificaban todos los yacimientos encontrados en la zona. Por su importancia arqueológica la Comunidad de Madrid calificó varias zonas de Boadilla del Monte como Áreas de Protección Arqueológica, algunas de ellas con la calificación de Bien de Interés Cultural, que se da a los lugares o parajes naturales en donde existen bienes muebles o inmuebles o restos de la intervención humana, susceptibles de ser estudiados con metodología arqueológica, tanto si se encuentran en la superficie como si se encuentran en el subsuelo, bajo las aguas o en construcciones emergentes. Estas Zonas Arqueológicas son: La zona del Arroyo del Nacedero y el Monte Romanillos.
En la zona del Arroyo del Nacedero se halló concentración de industria lítica indeterminada (núcleos, módulos, lascas, etc.), en el denominado “Arroyo de los Pastores” al norte y al sur restos romanos en la zona más cercana a la ribera, conocida como la Pingarrona. Además, en el Yacimiento denominado el Sequedal, por donde ahora circula la M-50, se hallaron restos de la época celtibérica en la II Edad del Hierro. Por lo que se puede asegurar que Boadilla ha estado habitado desde tiempos remotos, pasando por romanos, visigodos, musulmanes. Muchos de los restos hallados, una vez estudiados y organizados, fueron llevados al Museo Arqueológico Regional de Alcalá de Henares, donde se exponen.
Una de los principales zonas donde se han hallado varios restos arqueológicos son el Cerro de Barcelona, hoy ocupado por la Ciudad Financiera del Santander y el Cerro de San Babilés, donde quedan restos de la ermita.
En el siglo XVII Boadilla pasa de ser aldea de realengo (bajo la jurisdicción del rey) a señorío nobiliario. En 1626 el Marqués de Belmonte don Jaime de Cárdenas compra al rey Felipe IV el lugar de Boadilla, que está en venta como otros territorios del rey por encontrarse la corona en una situación económica bastante precaria. A su muerte, su viuda se encuentra con muchas deudas y decide vender el Señorío de Boadilla al licenciado José González, que se había ganado la confianza del rey Felipe IV y quien con mucho gusto autoriza su venta. El abogado José González no tenía títulos nobiliarios, pero había sido un fiel servidor del rey y de la mano de su valido el Conde-Duque de Olivares había ascendido rápidamente, obteniendo los cargos de consejero de Castilla, presidente del Consejo de Hacienda y, por compra, correo mayor y maestro de Postas del Reino de Navarra. Unos años después, en 1660, era nombrado gobernador del Consejo de Indias, dejando su puesto del Consejo de Castilla a su hijo Juan González de Uzqueta. A su muerte había acumulado una gran riqueza que pasa por herencia a Juan, casado con doña María de Vera Gasca y Barco, fundadores del Convento de la Encarnación de Boadilla, del que hablaremos con detalle en el capítulo dedicado a este monumento. Don Juan heredaba también de su padre las habilidades políticas e influencias para conseguir prestigiosos puestos. Fue fiscal del Consejo de Indias y Consejero de Indias y también miembro del Consejo de Castilla. A la muerte de don Juan su viuda se hace cargo del mayorazgo aunque, según decía, apenas reportaba beneficios y sí tenía grandes cargas fiscales (juros).
En 1692 muere doña María y como no habían tenido descendencia, sus bienes pasaron a una sobrina, hija del Conde de Toreno, doña Isabel María Queipo de Llano Dóriga y Valdés, casada con don Luis Félix de Miraval, jurista y político que ocupó varios cargos, entre otros fiscal y juez de la Chancillería de Valladolid y Presidente del Consejo de Castilla. Por su brillante carrera, el rey Felipe V le concedió en 1722 el título de Marqués de Miraval (o Mirabal) aunque, al parecer, años después perdería la confianza del rey, que le destituye de sus cargos, lo que hace que sus finanzas se vean mermadas considerablemente.
En el siglo XVIII Boadilla del Monte adquiere su mayor relevancia. Cambia su fisonomía con la construcción del conjunto monumental del Palacio y sus jardines. Con la llegada del Infante don Luis de Borbón pasa a ser de un desconocido y perdido lugar, a un real Sitio donde todo gira en torno a la corte del Infante. Sin embargo en el siglo siguiente el Palacio apenas era usado por la familia del Infante, la mayor parte del tiempo permanece cerrado y los habitantes de Boadilla continúan con su tranquila vida y su trabajo dedicado al campo, hasta que entrado el siglo XX da comienzo la guerra civil española. Boadilla por estar muy cerca de Brunete, donde se libró la Batalla del mismo nombre, quedó totalmente destrozada tras numerosos bombardeos. Al finalizar la contienda fue reconstruida por Regiones Devastadas, aunque no se llevaron a cabo todos los proyectos que se habían realizado. Después vendrían años de necesidades y apuros económicos hasta los años 60. En aquella época unos seiscientos habitantes poblaban Boadilla del Monte. Muchos madrileños prosperaban económicamente y se empezó a poner de moda la necesidad de veranear y pasar los fines de semana en los aledaños de la sierra y otros pueblos cercanos a la capital. Nació el concepto de la “segunda vivienda”, la adquisición de casas unifamiliares, que permitían a las familias darse un respiro de la fatigosa vida de la urbe. Proliferaron las urbanizaciones con piscinas y pistas de tenis, máximo exponente de lujo y modernidad. Los madrileños presumían del “chalet en la sierra” como demostración de buen vivir y poder adquisitivo. En Boadilla del Monte, hasta entonces pueblo rural sin ningún interés turístico, también se empezaron a construir este tipo de urbanizaciones, a las que hoy se conoce como “históricas” y en la actualidad se han convertido en primera y única vivienda para casi todos, debido a la mejora de los accesos a la capital y los altísimos precios de los pisos en Madrid. La fisonomía y la identidad de Boadilla sufrieron un cambio radical. Los lugareños quedaron en minoría con la llegada de un gran número de nuevos vecinos, sobre todo desde 1990, con la aprobación del nuevo Plan General de Ordenación Urbana, el cual permite construir miles de viviendas que alojan en pocos años a cerca de 40.000 habitantes, número que se duplicará en la próxima década.
Los textos han sido extraídos del libro “Boadilla del Monte. Historia y Testimonios”, escrito por Paloma Olmedo.
© de los textos: Paloma Olmedo del Rosal. Marzo 2007.
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